12 de octubre
Querido Juan:
Hoy leí en uno de los matutinos
más conservadores de la capital el siguiente titular: “Policía asesina a
balazos a joven”. Al pasar mis ojos por cada una de las letras en negrita, me
preguntaba si ese es el titular de un diario de derecha, ¿cuál será la
realidad? ¿Que mataron a cinco? ¿Que los violaron, torturaron y acribillaron?
Salgo a la calle y hay policías
por todos lados. Me recuerda al estado de sitio vivido hace algunos cuantos
años ya. Pero es cierto. Espero que estés mejorándote, que te recuperes y
pronto puedas venir a visitarme.
PD: Somos dos locos, ¡mandándonos
cartas para que no intercepten las conversaciones de whatsapp! ¿Qué debemos
parecer? Pleno siglo XXI y mantenemos una relación epistolar. ¡Tomá mate!
Tu hermana querida.
14 de octubre
Hermanita:
“Sentía que un ave de rapiña
rondaba mi cuerpo, que me acechaba desde atrás. Unos soplidos en la nuca. Pero
ya no veo nada. Ya no hay nadie aquí. Lo caótico de la balacera se transformó
en una quietud, pero es la quietud y el silencio que precede a la tormenta
marina”. ¿Te gusta lo que escribí para el blog?
Se lo llevaron al Raúl encanado.
Los pibes me preguntan por vos, en qué andás, que estás como desaparecida y
esas cosas me dicen. Y yo les digo: paciencia, muchachos. Carla va a aparecer,
no se va a olvidar de ustedes, los humildes, los despojados, los desposeídos de
la tierra. (Bah, no se los digo. Eso te lo digo a vos que me entendés. A ellos
les digo: no la miren a la piba, que es mi hermana. Ya va a venir vivita y
coleando).
PD: No te preocupes por mí.
Juan
15 de octubre
Querido Juan:
¿Cómo no me voy a preocupar por
vos? Sos la única familia que me queda después de lo de los viejos. Cuidate,
che. No está para joda la cosa. Ya te voy a visitar y vas a ver que va a ser
como antes, ¿entendés? La vamos a pasar bien, unas birras en la terraza, los
amigos por ahí dando vueltas y charlando. Además, tengo alguien para
presentarte. No sabés lo linda que es, no me vas a creer pero también estudia
antropología.
Hasta siempre.
PD: Escribís lindo. Estoy
orgullosa de vos.
Carla
16 de octubre
Juan:
Te escribo rápido porque acá las
cosas tampoco están fáciles. ¿En qué andás? No recibí tu correo. Esto de las
cartas que no llegan a destino… La pasaban mal estos tipos. Pensá en “La carta
robada”, “Romeo y Julieta”… Espero que a nosotros nos vaya mejor. Te espero
donde siempre. Hoy es el gran día.
Un beso,
Carla
17 de octubre
Querido Juan:
Escribirte es una forma de descargarme,
de extrañarte menos, de pensar que estás ahí, de que sos mi lector implícito,
mi destinatario encubierto. Pero ya sé que no estás, tampoco pienses que soy
una loca necrofílica, te lo pido.
Ya
te abajaron, hermanito. ¿Dónde está tu sangre? ¿Dóndes
estás vos? Tu cuerpo se lo llevaron, no me dejaron verte un rato más. Pero eras
vos. ¿Quién sino con esos ojos grandes y negros, llenos de esperanza por un
mundo nuevo? No eran ojos de muerto, estaban vivos pero de rabia y desolación.
¿Qué harán con tus carnes y tus
huesos? ¿Con tu sonrisa y tu forma tan simpática de caminar? ¿Te las van a
devolver? ¿Vos dónde estás? ¿Podés venir a buscar lo que te robaron?
¿Por qué justo hoy? Si alguna vez
papá se enterara, seguro que se haría radicheta.
¿Y ahora qué pasa? ¿Qué voy a
hacer sin vos?
Miro los muros del barrio y me
hablan a mí. ¿Sabés lo que dicen?
“Nos encierran, nos medican, nos
adoctrinan, nos amoldan, nos aniquilan. Nos fusilan”.
Eso dicen. Y tienen razón. Y a
vos te fusiló la yuta.
Carla
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