CONTACTOS.

Él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

sábado, 21 de octubre de 2017

Sin título

I

Conozco científicos que están de luto
y docentes reprimidos por uniformes
con un brazo
bajo el arma.

II

Conozco rostros sin memoria
sin patria
sin ancestros.

Vos me mirás
con uno de esos
y yo me pregunto:

¿Quiénes te velarán
te recordarán
harán justicia por vos

cuando estés bajo tierra
convertida en polvo

quiénes se acordarán
de tus días en el barrio
de tus pies
de muchacha del conurbano?


Hermana


Te encerraron
cuando arrojabas poemas
al aire
y batías tus alas
al viento.

¿Dónde quedaron los pasos
por tus calles,
aquellas por las que andabas
y volvías a andar?

¿Dónde quedaron tus gritos
por las calles del mundo,
aquellas que transitabas
y volvías a transitar?

¿Dónde estás

hermana

que no oigo tu respiración

a mi lado?

Mujeres de hoy

Ana, agazapada como una gata al acecho, oteaba la vereda de enfrente para cruzar.
María, aterida como consecuencia de los golpes que le propinaron, decidió atravesar el parque con cautela.
Juana, acobardada por los insultos de todos los días, tomó la decisión de agachar la cabeza y caminar en las sombras.
Carolina, aturdida por la vorágine massmediática, optó por mostrar una faceta sumisa y tranquila.

Florencia, amedrentada por la represión de la policía, buscó otra alternativa a ser ella misma.

Castigo divino

Nunca entendiste por qué de tu boca brotaban sierpes anaranjadas. Quizás porque tu madre chillaba y vociferaba que era obra de Satanás.
Porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna.
Nunca te ibas a acostar; temías que la posición horizontal hiciera despertar en tu estómago los ruidos sordos de aquellos seres que luchaban por ascender hacia el esófago, la faringe y, finalmente, la boca. Te quedabas dormida con la cabeza reposada en el almohadón del sofá verde, babeando con la boca abierta para dejarlas respirar.
¿Qué habré hecho para merecer semejante castigo?, te preguntabas. Pero no había nada que pudieras hacer para detener a esos cuerpos alargados con un solo ojo. A esos fétidos y repulsivos animalitos que se alimentaban de tu cuerpo.
Durante los tres días que duraron los episodios, la casa se llenó de sacerdotes, curanderos y chamanes. Sin embargo, ni el incienso, las estampitas, los cigarrillos prendidos, o las velas humeantes, lograron revertir el vómito de serpientes. Tu cuerpo luchaba por restablecerse, se contorneaba dando saltitos a un lado y al otro para más tarde caer abatido.
Hasta que un vecino te llevó al hospital a la fuerza. Mientras tanto, tu madre decía: “con esos matasanos, no. ¡Con mi hija, no!” y te iba rociando con agua bendita. En realidad, era agua podrida (¿qué pestilentes manos la habrán “bendecido”?). No sé ni siquiera de dónde la sacó. Lo cierto es que un poco le habías empezado a creer a ella. Y claro, la tenías todos los días taladrando, taladrando tu cráneo con el cuento del diablo, del diablo embravecido con la hija pecadora.
El médico no pudo convencerla ni aun cuando le dijo: “Señora, su hija tiene la Taenia saginata”. ¡Y también! Como si tu madre fuera a entender qué quería decir con la tenia esa… Yo creo que ni el propio doctorcito lo sabía porque ¿qué idea tenía del horror que se siente al ver un ser vivo inmundo saliendo de tu boca?

En ese momento, lo único que recordó tu madrecita santa fue un pasaje de la Biblia: “Mi nombre es Legión, pues somos muchos”. 

Querido Juan

12 de octubre
Querido Juan:

Hoy leí en uno de los matutinos más conservadores de la capital el siguiente titular: “Policía asesina a balazos a joven”. Al pasar mis ojos por cada una de las letras en negrita, me preguntaba si ese es el titular de un diario de derecha, ¿cuál será la realidad? ¿Que mataron a cinco? ¿Que los violaron, torturaron y acribillaron?
Salgo a la calle y hay policías por todos lados. Me recuerda al estado de sitio vivido hace algunos cuantos años ya. Pero es cierto. Espero que estés mejorándote, que te recuperes y pronto puedas venir a visitarme.
PD: Somos dos locos, ¡mandándonos cartas para que no intercepten las conversaciones de whatsapp! ¿Qué debemos parecer? Pleno siglo XXI y mantenemos una relación epistolar. ¡Tomá mate!

Tu hermana querida.

14 de octubre

Hermanita:

“Sentía que un ave de rapiña rondaba mi cuerpo, que me acechaba desde atrás. Unos soplidos en la nuca. Pero ya no veo nada. Ya no hay nadie aquí. Lo caótico de la balacera se transformó en una quietud, pero es la quietud y el silencio que precede a la tormenta marina”. ¿Te gusta lo que escribí para el blog?
Se lo llevaron al Raúl encanado. Los pibes me preguntan por vos, en qué andás, que estás como desaparecida y esas cosas me dicen. Y yo les digo: paciencia, muchachos. Carla va a aparecer, no se va a olvidar de ustedes, los humildes, los despojados, los desposeídos de la tierra. (Bah, no se los digo. Eso te lo digo a vos que me entendés. A ellos les digo: no la miren a la piba, que es mi hermana. Ya va a venir vivita y coleando).

PD: No te preocupes por mí.

Juan

15 de octubre
Querido Juan:

¿Cómo no me voy a preocupar por vos? Sos la única familia que me queda después de lo de los viejos. Cuidate, che. No está para joda la cosa. Ya te voy a visitar y vas a ver que va a ser como antes, ¿entendés? La vamos a pasar bien, unas birras en la terraza, los amigos por ahí dando vueltas y charlando. Además, tengo alguien para presentarte. No sabés lo linda que es, no me vas a creer pero también estudia antropología.
Hasta siempre.
PD: Escribís lindo. Estoy orgullosa de vos.

Carla



16 de octubre
Juan:

Te escribo rápido porque acá las cosas tampoco están fáciles. ¿En qué andás? No recibí tu correo. Esto de las cartas que no llegan a destino… La pasaban mal estos tipos. Pensá en “La carta robada”, “Romeo y Julieta”… Espero que a nosotros nos vaya mejor. Te espero donde siempre. Hoy es el gran día.
Un beso,

Carla
17 de octubre
Querido Juan:
Escribirte es una forma de descargarme, de extrañarte menos, de pensar que estás ahí, de que sos mi lector implícito, mi destinatario encubierto. Pero ya sé que no estás, tampoco pienses que soy una loca necrofílica, te lo pido.
Ya te abajaron, hermanito. ¿Dónde está tu sangre? ¿Dóndes estás vos? Tu cuerpo se lo llevaron, no me dejaron verte un rato más. Pero eras vos. ¿Quién sino con esos ojos grandes y negros, llenos de esperanza por un mundo nuevo? No eran ojos de muerto, estaban vivos pero de rabia y desolación.
¿Qué harán con tus carnes y tus huesos? ¿Con tu sonrisa y tu forma tan simpática de caminar? ¿Te las van a devolver? ¿Vos dónde estás? ¿Podés venir a buscar lo que te robaron?
¿Por qué justo hoy? Si alguna vez papá se enterara, seguro que se haría radicheta.
¿Y ahora qué pasa? ¿Qué voy a hacer sin vos?
Miro los muros del barrio y me hablan a mí. ¿Sabés lo que dicen?
“Nos encierran, nos medican, nos adoctrinan, nos amoldan, nos aniquilan. Nos fusilan”.
Eso dicen. Y tienen razón. Y a vos te fusiló la yuta.

Carla