CONTACTOS.

Él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

sábado, 25 de junio de 2011

Un kilo de asado

Carne humana que se corta por el medio, transversal y horizontalmente, en diagonal, en cubitos, en trocitos desmigajados. Y el sonido. El chillido que la fisura produce, el choque sonoro que el desgarramiento acarrea, la masa corporal sin vida, pero aún latente, pasada por la máquina trituradora. Sí, está latiendo. Lato, yo lato. Y se rompen los ligamentos, los huesos se quiebran, el cerebro incrementa su volumen y termina por generar una fisura craneana, los órganos son arrancados a tarascones, las extremidades son dobladas y mordisqueadas. ¿Quién mordisquea? ¿Ellos me mordisquean? ¿Yo me mordisqueo? Y me muerden, me están mordiendo como si fueran pirañas frenéticas que hacen su tarea poco a poco, como si fueran sanguijuelas que me chuponean el cuello y las tetas. Yo, ellos, sí, todos, todos nosotros.

Rutina dominical

Conversaciones fútiles, cuatro años inservibles estudiando un profesorado de gimnasia, cara de niño bonito, provinciano, sí, pero con toda la torta, casi un hidalgo de provincia perteneciente a la alta alcurnia, mocoso insolente que en años pasados gustaba de atosigar a los compañeros de escuela, experto en crear mundos paralelos al mejor estilo borgeano con tal de adecuarse al perfil de muchachito en sus veinte o treinta, soltero y exitoso. Un buen partido, diría la vecina del barrio de clase media: departamento en Recoleta, profesor de fútbol en colegio prestigioso de Palermo, ropa de marca, amante de los deportes y de la vida al aire libre. Pequeñoburgués adocenado que fin de semana de por medio coge el auto, se dirige a su pueblo natal, visita las hectáreas pertenecientes a la familia, se baña en la piscina, prepara una deliciosa carne asada con sus amigos, se encamina hacia su lecho alrededor de las cuatro de la madrugada, con un par de copas de añejo tinto en su vientre, abre sus párpados con el canto de los gallos y con la mucama que le alcanza el desayuno, realiza la ingesta correspondiente, ejercita su cuerpo toda la mañana, prende el fuego temprano, envía mensajes de texto vía celular a algunas señoritas, organiza un partido de fútbol con los muchachos a eso de las cinco, golea al contrincante; escucha, vanagloriándose, cómo la noviecita, que hizo su aparición recientemente, le grita fervientemente y casi sin voz: “¡Vamos, mi amor!”, “a la cama”, dicen los compañeros, pero ella no los escucha; se da un refrescante baño de inmersión en el jacuzzi, hace indecencias con la susodicha luego de que los machos hayan abandonado la residencia, discute diversas banalidades con la misma mujer hasta que esta se retira, llega el horario de la cena al tiempo que los muchachos, se emborracha, alterna con las mujeres que han sido invitadas, se dirige al amoblado de dos plazas y una señorita le practica todo tipo de juegos sexuales.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Locura de bomba

Y me desvanezco en el abismo de tus ojos,
Chupo tu líquido ocular,
Amaso tu globo,
Mastico un trozo de tu retina.
Y me desmayo sobre vos,
Me deslizo torpemente sobre tu pecho,
Corro el riesgo de encenderte,
Caigo finalmente.
Paso el tiempo
Escribiendo
Hasta que mi estómago y mi visión
Dejen de dar vueltas en redondo
Y en diagonal
Y en cuadrado
Y en todo sentido.
Me dijeron que es mejor
Bajar el alcohol estando despierta.
Y me divierto jugando
Con mi cuerpo
Al pictionary.
Me despabilo
Con la humedad de la bomba loca.
Fijo la mirada en un punto
Sin darme cuenta.
Percibo imágenes en primer plano
Y el fondo, borroso.
Cuento las veces que mi dedo
Roza
Me.
Quiero estar con vos.
Sí, quiero.

Valle del Tafí

Giraba trescientos sesenta grados sobre mi eje y veía cerros verde oscuro y caminos empinados. El terreno parecía dirigirse hacia algún lado. Pero ahora camino, indiferentemente, por la planicie, que me es sospechosa, peligrosa. Las calles no van a ninguna parte, son interminables, infinitas. Desconfío de la llanura. La llanura, artificial, siempre acompañada de un sentimiento de inmensidad. Pero ¿qué inmensidad? La de la masa inerme que descansa tras las rejas del barrio, que despierta a la misma hora, usa el mismo cepillo de dientes, toma la misma sardinera. No, no es esa la inmensidad que me gusta. A mí me gusta lo que contemplo en Tafí del Valle.



viernes, 11 de marzo de 2011

Quince minutos de TV

06: 15
Prendo la televisión, pongo los canales de noticias, después de casi dos meses, y me encuentro con un tsunami por allá y un gobernador reprimiendo por acá.
Cambio a Cosmopolitan. Una señorita diciéndonos cómo hay que comportarse en la primera cita con un muchacho. Me viene a la cabeza "artículos how to".
Muerte de David Viñas.
06: 30
Me tengo que ir a trabajar.

martes, 8 de marzo de 2011

Día de la mujer

Prostituyente es un neologismo que un día escuché en un Congreso de la gente de Sociales. Y se me grabó a fuego. Y pienso:

Las palabras no sólo nombran, designan sino que que también -y sobre todo- aprehenden realidades, sujetos sociales, crean sentido, instituyen sentidos.

¡Qué importante hablar hoy, justo hoy, de prostituyente y no de ... cliente!

PD: Dejo un conocido comercial que encontré en http://lavaca.org/notas/un-simbolo-renault-hacete-prostituyente/ pero que también se puede ver en http://www.youtube.com/watch?v=UEqrvQ3S8Dc&feature=player_embedded

domingo, 6 de marzo de 2011

Lectura veraniega en el paisaje semiárido del Norte Argentino

Con frecuencia se evocan los innumerables procedimientos con los cuales el cristianismo antiguo nos habría hecho detestar el cuerpo; pero pensemos un poco en todas esas astucias con las cuales, desde hace varios siglos, se nos ha hecho amar el sexo, con las cuales se nos tornó deseable conocerlo y valioso todo lo que de él se dice; con las cuales también se nos incitó a desplegar todas nuestras habilidades para sorprendelo, y se nos impuso el deber de extraer la verdad; con las cuales se nos culpabilizó por haberlo ignorado tanto tiempo. Ellas son las que hoy merecerían causar asombro. Y debemos pensar que quizás un día, en otra economía de los cuerpos y los placeres, ya no se comprenderá cómo las astucias de la sexualidad, y del poder que sostiene su dispositivo, lograron someternos a una austera monarquía del sexo, hasta el punto de destinarnos a la tarea indefinida de forzar su secreto y arrancar a esa sombra las confesiones más verdaderas.
Ironía del dispositivo: nos hace creer que en ello reside nuestra "liberación".


M. Foucault. Historia de la sexualidad. 1-La voluntad del saber.

Me resuenan los consejos de la revista Cosmopolitan y la proliferación de programas televisivos al estilo Alessandra Rampolla.

¡Cuánta razón, querido Michael!