Carne humana que se corta por el medio, transversal y horizontalmente, en diagonal, en cubitos, en trocitos desmigajados. Y el sonido. El chillido que la fisura produce, el choque sonoro que el desgarramiento acarrea, la masa corporal sin vida, pero aún latente, pasada por la máquina trituradora. Sí, está latiendo. Lato, yo lato. Y se rompen los ligamentos, los huesos se quiebran, el cerebro incrementa su volumen y termina por generar una fisura craneana, los órganos son arrancados a tarascones, las extremidades son dobladas y mordisqueadas. ¿Quién mordisquea? ¿Ellos me mordisquean? ¿Yo me mordisqueo? Y me muerden, me están mordiendo como si fueran pirañas frenéticas que hacen su tarea poco a poco, como si fueran sanguijuelas que me chuponean el cuello y las tetas. Yo, ellos, sí, todos, todos nosotros.
CONTACTOS.
Él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario