CONTACTOS.

Él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

domingo, 24 de enero de 2016

Aguas turbias

Era un movimiento inestable,
un vaivén incesante,
el de la ola que nos mecía lentamente,
el de ese río infinito que contra la corriente atravesábamos.

Una noche, la aparente calma se transformó
en un océano bravío y portentoso
a punto de estallar en tormenta.
El sinfín de marejadas violentas
no dejaba de traer la mugre de todos los continentes.

Hubiéramos querido virar nuestro destino,
poder decir ”hasta aquí llegamos”
y dejar que el curso de los hechos hiciera historia.
Dar media vuelta y ¡a otra cosa mariposa!
Aunque no pudiéramos.
Aunque tampoco quisiéramos.

En ese desconcierto tan oscuro,
una voz rompió el silencio de los hombres:
“¿Quién dirige las riendas de esta embarcación?
¿Quién evita que nos vayamos de madre al mar?
¿Quién puede salvarnos del naufragio inminente?”
 No tuve más remedio que decirle al pobre: “Nadie más que vos y yo”.

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