CONTACTOS.

Él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Locura de bomba

Y me desvanezco en el abismo de tus ojos,
Chupo tu líquido ocular,
Amaso tu globo,
Mastico un trozo de tu retina.
Y me desmayo sobre vos,
Me deslizo torpemente sobre tu pecho,
Corro el riesgo de encenderte,
Caigo finalmente.
Paso el tiempo
Escribiendo
Hasta que mi estómago y mi visión
Dejen de dar vueltas en redondo
Y en diagonal
Y en cuadrado
Y en todo sentido.
Me dijeron que es mejor
Bajar el alcohol estando despierta.
Y me divierto jugando
Con mi cuerpo
Al pictionary.
Me despabilo
Con la humedad de la bomba loca.
Fijo la mirada en un punto
Sin darme cuenta.
Percibo imágenes en primer plano
Y el fondo, borroso.
Cuento las veces que mi dedo
Roza
Me.
Quiero estar con vos.
Sí, quiero.

Valle del Tafí

Giraba trescientos sesenta grados sobre mi eje y veía cerros verde oscuro y caminos empinados. El terreno parecía dirigirse hacia algún lado. Pero ahora camino, indiferentemente, por la planicie, que me es sospechosa, peligrosa. Las calles no van a ninguna parte, son interminables, infinitas. Desconfío de la llanura. La llanura, artificial, siempre acompañada de un sentimiento de inmensidad. Pero ¿qué inmensidad? La de la masa inerme que descansa tras las rejas del barrio, que despierta a la misma hora, usa el mismo cepillo de dientes, toma la misma sardinera. No, no es esa la inmensidad que me gusta. A mí me gusta lo que contemplo en Tafí del Valle.