CONTACTOS.

Él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

domingo, 24 de enero de 2016

Amurados al sur

La cotidianidad de los márgenes de la ciudad porteña un miércoles a las 06:30 de la mañana. Recovecos oscuros, callejuelas abandonadas, transeúntes marcados por la falta de sueño, rutinarios choferes de colectivo, malevos al acecho. Desde Caballito Sur hacia el ex hospital Rawson, un paneo general del paisaje. El Carrefour de Av. La Plata, territorio cuervo, calles sin tráfico, la Casa José Martí, Av. Caseros, Parque de Los Patricios, Estación Hospitales, Parque Ameghino y finalmente, frente a plaza España, los hospitales Borda y Moyano. Se va delineando poco a poco una fisonomía citadina del margen. Una mujer de pelo castaño claro, corte carré, ojos verdes, alta y delgada, a las 6:40 ya está viajando en el 65 siguiendo el esquema habitual rumbo a su trabajo en una institución pública. Tiene incorporadas las paredes ruinosas del edificio lindero al suyo como un detalle más de su rutina. El panorama postapocalíptico que evidencian esos muros parlantes no está dentro de lo observable. Simplemente están. Sin embargo, hay voces inundan la vista de cualquiera: "¿Cuándo se darán cuenta de que está más loco el que encierra a otro, que el encerrado?, proclaman. “Nos etiquetan, nos encierran, nos drogan… Somos socialmente indeseables. La norma nos ha herido por no querer abrazarla. Declaramos guerra a la norma”, denuncian. Palabras desoídas contrastan con el silencio del edificio remodelado del Rawson, ahora Medicina del Trabajo. Paredes amarillas, vacías, huecas, sin protestas, sin colores: sin ruinas. La mujer comienza a actuar en el mundo de siempre, se pone el ambo, camina con pasos apretados y certeros en el interior del edificio, como quien sabe qué hace y por qué. Vuelve la vista, saluda a sus colegas, sonríe levemente. Mientras tanto, amurados al sur, los grafitis resisten.

Aguas turbias

Era un movimiento inestable,
un vaivén incesante,
el de la ola que nos mecía lentamente,
el de ese río infinito que contra la corriente atravesábamos.

Una noche, la aparente calma se transformó
en un océano bravío y portentoso
a punto de estallar en tormenta.
El sinfín de marejadas violentas
no dejaba de traer la mugre de todos los continentes.

Hubiéramos querido virar nuestro destino,
poder decir ”hasta aquí llegamos”
y dejar que el curso de los hechos hiciera historia.
Dar media vuelta y ¡a otra cosa mariposa!
Aunque no pudiéramos.
Aunque tampoco quisiéramos.

En ese desconcierto tan oscuro,
una voz rompió el silencio de los hombres:
“¿Quién dirige las riendas de esta embarcación?
¿Quién evita que nos vayamos de madre al mar?
¿Quién puede salvarnos del naufragio inminente?”
 No tuve más remedio que decirle al pobre: “Nadie más que vos y yo”.