Con frecuencia se evocan los innumerables procedimientos con los cuales el cristianismo antiguo nos habría hecho detestar el cuerpo; pero pensemos un poco en todas esas astucias con las cuales, desde hace varios siglos, se nos ha hecho amar el sexo, con las cuales se nos tornó deseable conocerlo y valioso todo lo que de él se dice; con las cuales también se nos incitó a desplegar todas nuestras habilidades para sorprendelo, y se nos impuso el deber de extraer la verdad; con las cuales se nos culpabilizó por haberlo ignorado tanto tiempo. Ellas son las que hoy merecerían causar asombro. Y debemos pensar que quizás un día, en otra economía de los cuerpos y los placeres, ya no se comprenderá cómo las astucias de la sexualidad, y del poder que sostiene su dispositivo, lograron someternos a una austera monarquía del sexo, hasta el punto de destinarnos a la tarea indefinida de forzar su secreto y arrancar a esa sombra las confesiones más verdaderas.
Ironía del dispositivo: nos hace creer que en ello reside nuestra "liberación".
M. Foucault. Historia de la sexualidad. 1-La voluntad del saber.
Me resuenan los consejos de la revista Cosmopolitan y la proliferación de programas televisivos al estilo Alessandra Rampolla.
¡Cuánta razón, querido Michael!
Ironía del dispositivo: nos hace creer que en ello reside nuestra "liberación".
M. Foucault. Historia de la sexualidad. 1-La voluntad del saber.
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¡Cuánta razón, querido Michael!
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