Extraño el olor a choripán de las marchas
Extraño el sonido del yeísmo
Extraño el sabor de las milanesas al horno
Extraño el sentir de la piel pegajosa en el bondi
Extraño la vista sin fin de la avenida Rivadavia
CONTACTOS.
Él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.
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