CONTACTOS.

Él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

sábado, 31 de julio de 2010

Bestias chillantes

Soniditos rimbombantes lucían sus nuevos trazos
Y coloridos sonetos enfurecían a sus lectores.

Bestias sonríen
Avestruces chillan

Cánceres pulmonares que se sienten las entrañas
Cesáreas arteriales que pueblan las ciudades

Cetáceos que se ríen de mí
Hormigas que se comen crudas
(Y que también podrían estar riéndose de mí)

Lucir los sonetos en las entrañas
Es cuestión de pueblos
De cómo se articulan entre sí las arterias de una ciudad
De cómo los cetáceos y las hormigas también contribuyen a la risa

Sentir las bestias chillando en tus oídos
Es cuestión de sonreír ante los avestruces
De poblar las antiguas ciudades
De comer sonidos rimbombantes crudos
Y también, porqué no, de enfurecer a las lectoras encesareadas

Chillaban cuando estaban por nacer
Aquellas criaturas con un futuro rimbombante
Y sentían - sus madres- que las hormigas le caminaban por el vientre
Comían cetáceos crudos para fortalecer las arterias
Pero la ciudad jamás tuvo buenas conexiones.

Aquellas bestias que pueblan las ciudades
Respiraban aires enfurecidos ya antes de nacer
Y los avestruces repiqueteaban por sus abdómenes – los de sus madres-
Reían para lucir sonetos
Pero los lectores jamás dejaron de enfurecerse.

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